La consultora
Drewry publicó un análisis de estrés de red sobre el cierre de facto del
Estrecho de Ormuz desde finales de febrero, con el objetivo de determinar si la
capacidad portuaria alternativa y la infraestructura logística terrestre de los
países del Golfo pueden absorber de forma realista los volúmenes de
contenedores desplazados. El estudio concluye que la región está
estructuralmente expuesta por décadas de falta de inversión en corredores de
circunvalación, limitando severamente las opciones viables ante un bloqueo
sostenido.
El Estrecho de
Ormuz, punto de estrangulamiento vital, maneja entre el 15 % y el 30 % del
comercio mundial de crudo, productos petrolíferos, GNL, GLP, petroquímicos y
fertilizantes, pero solo representa el 3,5 % del volumen global de contenedores
(33 mTEU anuales en terminales de EAU, Arabia Saudí, Kuwait, Catar y Baréin).
Jebel Ali (15,5 mTEU) y Khalifa (6,6 mTEU en 2025) concentran la mayor
conectividad, pero con Hormuz cerrado, más del 75 % de esa capacidad queda
inutilizada, afectando economías enteras como Catar, Kuwait, Baréin e Irak que
dependen exclusivamente de esta ruta marítima.
Drewry evalúa la
capacidad latente de bypass: Khorfakkan (EAU) y Sohar (Omán) ofrecen alivio
parcial vía carreteras a Dubái/Abu Dabi, mientras Salalah (Omán) resulta
prácticamente desconectada por distancia y costos (USD 3.000-5.000 por
contenedor de 40 pies a Dubái). Puertos del Mar Rojo (Yeda, King Abdullah,
Duba) tienen capacidad, pero sin ferrocarril Yeda-Riad-Dammam (Saudi Landbridge
aún sin construir), el transporte terrestre es inviable a escala.
El cierre agrava
la interrupción del transbordo (65 % en Jebel Ali y Khalifa), desplazando carga
a hubs de Sudeste Asiático, Sur de Asia, Norte de África o Mediterráneo. Drewry
proyecta tres etapas: 0-6 meses (severa disrupción, mitigación parcial); 6-24
meses (adaptación costosa con inversión de emergencia); y 24+ meses
(catalizador de proyectos transformadores como el Ferrocarril o corredor
Yeda-Dammam-Kuwait).
La región
enfrenta vulnerabilidades estructurales que décadas de baja inversión han
agravado la situación, convirtiendo cualquier cierre prolongado en un riesgo
económico y logístico mayor. Drewry concluye que, aunque la exposición de
contenedores es menor que la de petróleo, la falta de corredores alternativos
viables deja a los países del Golfo altamente dependiente de Ormuz, con
impactos profundos en conectividad, costos y resiliencia de la cadena de
suministro regional.
GRsE
Fuente: Drewry

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