La consultora Sea-Intelligence
realizó una prueba de estrés de la red sobre el cierre de facto del Estrecho de
Ormuz con el objetivo de cuantificar la capacidad de buques de alta mar
(deep-sea) que quedaría atrapada en el Golfo Pérsico. El análisis excluyó
buques locales de alimentación y consideró solo aquellos programados para salir
de la región. Bajo el “Escenario Base” (horarios estrictos sin retrasos), se
estimó una capacidad mínima atrapada de 156.074 TEU; en el “Escenario Ajustado”
(con ajustes históricos de retraso), la cifra subió a 204.159 TEU, mostrando
que 48.085 TEU adicionales quedan atrapados solo por ineficiencias operativas
existentes.
El cierre
sostenido genera efectos secundarios inmediatos en la red global de aguas
profundas. Los buques que se dirigen al Golfo se verán obligados a abortar sus
rotaciones, desviando carga hacia centros de transbordo alternativos como
Salalah, Colombo y Singapur. Esto aumentará la densidad en esos puertos,
degradará la productividad de las terminales y provocará retrasos en atraques
de los buques en rutas no relacionadas con el Golfo.
Dado que el
Golfo Pérsico es estructuralmente una región de importación neta, los servicios
de alta mar suelen cargar contenedores vacíos para reposicionarlos en centros
manufactureros asiáticos. Atrapar más de 200.000 TEU priva a esos centros de
equipos vitales, lo que podría generar escasez de contenedores en el Lejano
Oriente y afectar la disponibilidad de equipo para exportaciones asiáticas.
La prueba de
estrés subraya cómo las disrupciones geopolíticas en Ormuz agravan
ineficiencias preexistentes en la red, amplificando congestión, retrasos y
escasez de equipo en rutas globales. El impacto se extiende más allá de la
región, presionando costos logísticos y la programación en toda la industria de
contenedores.
GRsE
Fuente: Sea-Intelligence

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